Entrevista a un libro: “La Ínsula Dorada”
Entrevista en formato audio
Entrevista escrita
Lo esencial es invisible a los ojos es una conocida frase. Esta entrevista te llevará a un libro que te presentamos como entrevista, y te acercamos a que lo puedas descargar y leer. El reto es leerlo y descubrir lo cerca que uno puede estar de sí mismo gracias a determinados autores que, entre líneas, nos descubren el firmamento interior.
—¿Cómo encuadras o defines “La Ínsula Dorada”?
—El autor, José Tarrazó Durá, lo que trata de trasmitir al lector es un concepto de sociedad, los principios fundamentales que el autor piensa que debe seguir el ser humano para alcanzar la felicidad.
—¿Qué opinas de la utopía?
— ¿Utopía? La cuestión sería preguntarse si hay algo más humano que imaginar utopías. En todas las épocas y en todas partes (lo hicieron Platón en su “República”, Tomaso Campanella en “La ciudad del sol”, Francis Bacón en su “Nueva Atlántida” o William Morris en su novela “Noticias de ninguna parte”, entre otros muchos), el hombre se ha sentido descontento de la sociedad en la que le ha tocado o le toca vivir y es lógico que haya soñado en cambiarla. Pero ya se sabe que no hay manera razonable e inmediata de llevar a cabo tal cambio. No obstante, lo que importa es la ilusión misma del proyecto, enfocado como remedio absoluto de todos los males que nos afligen.
—Un libro calificado por el autor como narrativa ética, ¿cuáles son los personajes principales que llevan todas las tramas?
— El padre, AMANDA, ejerce como encargado en una fábrica de juguetes; la Madre, MAIA, trabaja en unas oficinas; el hijo, BALDER, cursa estudios en la Facultad de Filosofía y Letras; su hermana, TOURIA, hace Bachiller y el Viejo Peregrino Sabio, JANAKA, deambula por esos mundos de Dios, dando tumbos y más tumbos.

—¿Debo esperar algo especial al leer “La Ínsula Dorada”?
— No esperes grandes historias, en nuestras vidas difícilmente llegan a ocurrir. Descubrirás que son las cosas pequeñas las que jalonan nuestra existencia, y el autor te invita a vivirlas en primera persona, como protagonista de esa maravillosa película de nuestra vida. Lo que sí puedes encontrar es algo que despierta en ti, y quizá lo identifiques en el corazón.
—¿Es la lectura sencilla y no por ello vacía de contenido?
—Justamente, son formas y vivencias que en esta época de la sociedad no suelen ser habituales. Parece que estamos demasiado hechos a lo espectacular, y en este caso, el autor propicia lo sencillo, pero lo trabaja hacia una perspectiva alejada de atavíos formales, aunque sí de una profunda ética convivencial.
—José Tarrazó muestra en sus obras que conoce al ser humano de un modo profuso, como enfocado hacia un camino de luz, siempre positivo. ¿Esto se evidencia también en esta obra?
— Las miserias humanas, las pequeñas y efímeras alegrías de nuestra existencia, se entremezclan en esta historia de búsqueda de la verdadera alegría, del amor que nunca se acaba, de aquello que nos trasciende y que nos hace pedir siempre más. Solo a través de lo cotidiano alcanzaremos nuestra plena realización que trasciende nuestra ínfima existencia. Seguramente el autor llega a ese camino sobrenatural del ser humano, que no podemos evitar si deseamos encontrar sentido a nuestra existencia.

—¿La simbología de las circunstancias de la obra, sus personajes, sus diálogos, son meramente utopías para el momento, o contienen una proyección que no podemos imaginar con la mente?
— El autor, en su constante búsqueda de su ÍNSULA DORADA, nos invita a luchar por encontrarla al fin de nuestro camino, para entonces, que junto a nosotros llevemos nuestras manos llenas, que no lleguemos solos, que arrastremos a mucha gente. Allí encontraremos junto al autor la paz que nos falta, lo que el autor llama “liberación total”, y ello por cuanto que lo humano no es ajeno a lo divino.
—Por lo tanto, ¿merece la pena la lectura de sus páginas, visto esto como una vivencia sencilla pero despertadora de lo más común del corazón?
—Cualquier creación de esta índole contiene la idiosincrasia dentro de la imaginación, pero con los pies bien puestos en el suelo. Contiene la sensibilidad que necesitamos retomar las personas, y por ello hay elementos primordiales como la familia, como una proyección de una sociedad realizada, como un encuentro místico con un personaje llamado Janaka, del que nunca se podrá definir por completo, pero esto queda para el atento corazón.
—Dentro de este ámbito de sensibilidad ¿encontramos pasajes del libro que puede resultar mágicos?
—Justamente el capítulo “Los Tres Espejos del Lago Feliz” contiene este ingrediente acompañado de una simbología que da pie a poder pensar si se trata de algo ficticio o quizá verdadero en lo que llamamos humanidad. Parece que el planeta contiene muchas más cosas desconocidas de lo que podemos suponer incluso al nivel científico en que nos encontramos. Parte de la magia se encuentra en personajes como un pastor, cuya aparición en uno de los capítulos muestra una parte de la esencia de la literatura del autor: la sencillez como algo importante que despertar en las personas. Otro capítulo para leer con atención y disfrutar del contenido es el llamado “Los Siete Durmientes del Mar”, dentro siempre del flujo continuado de alegorías que son para discernir en el corazón.
—José Tarrazó destaca en todo el conjunto de sus obras editadas a la Madre Naturaleza. Esto, ¿de qué modo lo contempla y expone?
—Esta pregunta es esencial para describir la obra de José Tarrazó. En “La Ínsula Dorada” aparecen elementos de la naturaleza que no son evidentes a los ojos corrientes, pero sí existen, y pertenecen a la naturaleza solo oculta a la falta de sensibilidad de las personas. Estos elementos son primordiales de ser conocidos, aunque los contemplemos en un ámbito imaginario, pero un corazón despierto no los desecha porque sabe que la vida invisible es la otra cara de la moneda del conjunto de lo que llamamos vida.

—¿Destacarías un capítulo en especial?
—Uno especialmente, el octavo, que se titula como el libro, “La Ínsula Dorada”. En este, de nuevo tenemos el recurso de los personajes, de la fantasía que, en realidad es una alegoría que algo expresa. Y en él encontramos a los “Sinmente”, un mundo donde habitan las almas, y por ello no tienen mente concreta, algo que en determinadas filosofías mencionan como “yo inferior”, algo que, según la esencia de muchos, muchos libros de sabiduría muestran como un sendero que el ser humano debe de trascender, y el sendero es el mismo ser humano, es decir, el alma.
—Tengo la impresión de que todos los capítulos son especiales en cierto modo, ¿verdad?
—Efectivamente. Lo interesante es percibir la intención y el mensaje del autor. No es algo escrito para distraer la atención, o potenciar la imaginación de la persona lectora. Lo que sí puede potenciar es la sensibilidad y el discernimiento. Por supuesto hay que experimentar la obra como un viaje, y dejarse llevar, sin que la mente entorpezca al corazón, o sensibilidad interior, también llamada intuición. El viaje apunta a una proyección de algo más que ilusorio; ahí encontramos una enjundia que marca la diferencia entre realidad y ficción.
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