EL RESPETO A UNO MISMO

Primero hay que vivir la intención de la filosofía conocida, y practicar lo que ella prescribe, y descubrir dentro de uno mismo que no son teorías del pasado pensadas producto de la época.
Vivir la intención de la filosofía conocida descubre la personalidad, lo que siempre y desde siempre uno ha expresado, identificado y vivido como “yo”. Descubre que este yo está ubicado en la visibilidad de los pensamientos y la invisibilidad de las actitudes, carácter, comportamiento y forma de ser.
Y estas cosas, en la medida de que uno mismo se las encuentra, son la razón para la reflexión y el cambio de chip.
Pero, la diferencia de este camino es que no es desde el prisma habitual de la mente, pues este sendero es hacia lo desconocido, por tanto, no lo quiere ni lo controla ni lo sabe la mente. Verás que genera inseguridad...
Y por tanto, la herramienta para caminar es ser consciente de que cada instante es mágico, aunque la magia está escondida a la personalidad.

Crecer internamente implica adentrarse en un proceso “de transición”. Transición porque es un movimiento interno hacia afuera; transmutación, y transición porque este sendero apunta a lo trascendente, por tanto, invisible a los ojos de la personalidad.
Este asunto del “Sendero” solo se abre a quienes observan el egoísmo e inician trascenderlo, pues, la humildad descubre la voluntad hacia la comunión con lo invisible. Una comunión que podríamos llamar un estado de conciencia que conduce a la concordia con el sentido de la vida evolutiva del ser humano, que se vislumbra desde el paradigma divino. “Lo Superior Rige en lo Inferior”.
Y lo divino es como la luz, que esta es la ausencia de oscuridad, por tanto, en la medida que la luz nace y crece en el interior, se aprovecha con la dignidad inmaculada de su procedencia, y la persona comienza a practicar el verdadero respeto hacia uno mismo, Y este respeto es acorde al propio Sendero.

«El silencio no es nada más que el reposo de nuestra personalidad y de nuestro yo personal» A. Blay.

La clave de todo esto se propone en la transición, trascender la personalidad llaman algunos. Iniciar esto es comenzar con pie consciente hacia el verdadero conocerse, y todo ello surge de la pureza de mente cuya nación reconocida y aceptada lentamente es la transición de la vida en el corazón.

«A las cosas de la tierra hay que conocerlas para amarlas. A las cosas divinas se las debe amar para conocerlas». Blaise Pascal.

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