La primera escuela

Bajo un título sencillo encontramos una película sencilla e interesante. La sociedad necesita de relatos que muestren secuencias de cualquier época, en este caso de la Francia rural de 1889, donde casi desde el primer momento muestra el importante desafío de ser quien eres, a pesar de las circunstancias poco prometedoras y factibles.

El desafío de uno mismo ante el poder de las situaciones con que te encuentras, incluso cuando el contexto no es benevolente para tu desarrollo personal y social, no es óbice para cejar el intento.
No es demasiado habitual encontrar un filme que exprese con sencillez y credibilidad algunos de los valores fundamentales que necesitamos tener en cuenta las personas que vivimos en la sociedad. Una película que reduce a lo ínfimo los levantamientos del sofá desde donde la puedes ver, y seguir la línea de vivencias consumadas sin altibajos exacerbados, salvo los necesarios que enseñan un camino de continuas pequeñas decisiones, aunque también renuncias en pro del propósito de una maestra que tiene que dar clases, pero no dispone ni de un aula ni de estudiantes.

Sin embargo, el espíritu de la profesora Louise Violet mantiene el fuego del desafío que va apareciendo por partes, y muchas son tentadoras de olvidar su designio.
Es interesante destacar que la profesora para iniciar su labor parte de un lugar que es una aldea, con todas las tradiciones escritas y condensadas en cada momento de la vida, donde la ignorancia no es algo para cambiar, y donde incluso aparecen hostilidades en los aldeanos contrarios a las nuevas leyes que establecen la educación gratuita, laica y obligatoria.

Pero gracias a la buena voluntad de algunos pocos personajes del filme, Louise Violet logra poner en marcha su talentosa e inestimable tarea de educación. Pues la definitiva es convencer a los aldeanos que la educación es necesaria para la libertad y el crecimiento personal. Y que estos valores son fundamentales para cualquier edad, aunque los más jóvenes deben tener acceso de manera continuada y pedagógica.
Por supuesto que es una película para pensar… Y esto es lo que nos impulsa esta entrada, pues la humanidad ha vivido siempre una tensión entre tradición y progreso, además que el filme pone de manifiesto que desde la sencillez todo es posible ante el reto de la siembra de la educación integral y la formación de valores; pues todo ser humano tiene algo que nacer de sí mismo y que la inspiración genuina sirva para los demás.
Del verdadero voluntario/a nace el espíritu de la buena voluntad.
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