Un adiós en el recuerdo...

(Las imágenes de esta entrada son simulaciones con IA)


Re-cordar es volver al corazón y eso haré en este relato.

Stefan vivía en la calle y murió en ella a finales de enero de 2013. Se movilizaba por el sector del Instituto Valenciano de Oncología (IVO) y dormía a la entrada del estacionamiento que se encuentra al lado de dicho edificio.

Imagen real

Lo ubicaban las personas que atravesaban el parque, las que iban al centro comercial que se encuentra en la otra esquina, o las que acudían al antiguo Hospital la Fe. Alto, ojos verdes, delgado, una figura triste, como un quijote empobrecido que alguna vez motivó la búsqueda de mejores tierras. Normalmente silencioso.

Ese invierno lo encontramos sobre el cemento, con los ojos vidriosos y una botella de alcohol de curar heridas de 96º vacía. Lo reanimamos. Una compañera le dio un vaso de sopa caliente, cuchara a cuchara, como a un niño. Él la miraba con los ojos perdidos y le tocaba su rubia cabellera como descubriendo trazos de nuevos cariños. Nuestro recuerdo es testigo de aquella jornada conmovedora.

Lo arropamos, y fue mejorando. Comenzó a cuidarse, a bañarse y a esperarnos en mejor estado. Se alegraba cuando nos veía, y nos regalaba una sonrisa. Era de Hungría y costaba comunicarse con él. Su historia recuerda la “Canción Húngara” de la zarzuela “Alma de Dios” cuya música compuso José Serrano: “Canta mendigo errante, cantos de tu niñez, ya que nunca tu patria volverás a ver… “

Y la niñez vino en pleno a su memoria cuando en las fiestas navideñas y de reyes 2012-2013 le atendimos junto a alegres adolescentes del Grupo Scout Alba, de la Pobla de Vallbona. Stefan nos tradujo del húngaro algunos saludos y frases para que las repitiéramos. Se rió de nuestra dificultad, y llegamos a la conclusión de un amigo que vivió en su tierra y dijo que ese idioma es tan “endiablado” que lo creó el diablo y estando borracho.

Otro domingo se sintió enfermo, estaba decaído. Tenía frío en el alma. Llamamos al SAMU. Lo atendieron puntualmente y siguió en la calle, para morir días más tarde, una fría mañana de enero. Lo supimos al día siguiente y nos embargó la tristeza. Esperábamos su decisión para el cambio, pero la resignación se le había instalado en el cuerpo y no tenía ganas de luchar.

 
Adiós Stefan, tu figura y tu sonrisa al vernos sigue estando en mi memoria.

Como la canción, tu caminar fue errante con un triste sino, sin encontrar un descanso en el camino… Siento la tristeza de no haber podido cambiar tu destino y la intranquilidad de saber que como tú hay otras personas viviendo en la calle.

Carmen Allendes González (Presidenta de la Asociación Amigos de la Calle)

Os comparto la letra de la “Canción Húngara”:

“Canta, mendigo errante, cantos de tu niñez,

ya que nunca tu patria volverás a ver…

Hungría de mis amores, patria querida,

llenan de luz tus canciones mi triste vida.
Vida de inquieto y eterno andar,

que alegro solo con mi cantar.

Canta vagabundo, tus miserias por el mundo,
que tu canción quizá el viento llevará
hasta la aldea donde tu amor está.

Canta vagabundo…

Es caminar siempre errante mi triste sino,

sin encontrar un descanso en mi camino.
Ave perdida, nunca he de hallar

un nido amante donde cantar.

Canta vagabundo...”

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