Una vivienda digna: ¿derecho o negocio?

Estas notas pretenden ser una llamada a la solidaridad y a la reflexión hacia una conducta ética en torno a una situación que se está convirtiendo en un verdadero problema en nuestra ciudad y alrededores, y que se extiende por todo el país: el acceso a una vivienda digna.
Algunas de las personas que son atendidas desde asociaciones (como por ejemplo "Amigos de la Calle") disponen de ingresos, pero se ven obligadas a vivir en la calle al ser estos insuficientes para pagar el alquiler de una vivienda completa; actualmente también lo son hasta para acceder a una habitación en un piso compartido, ya que los precios van aumentando de forma alarmante.
Desde el Programa “Hogares Amigos” (de Amigos de la Calle) se han propuesto ayudarles, en la medida de lo posible, en esa búsqueda para encontrar un techo digno.

En los últimos meses, han detectado que el problema no es solo económico, es mayor, pues en este momento ya no solo depende de poder pagar un precio, sino que a esto se añaden todos los requisitos que debe reunir una persona para acceder a una vivienda o habitación, ya que en el mercado inmobiliario un elevado porcentaje de la oferta va dirigida única y exclusivamente a personas jóvenes estudiantes, nacionales o extranjeros, y, sobre todo, a turistas.
Dicen los expertos que Valencia, en concreto, enfrenta una crisis habitacional profunda, donde la oferta es insuficiente para una demanda creciente, resultando en precios inasequibles y una situación socialmente insostenible, que requiere soluciones urgentes.
La vivienda es un derecho humano fundamental. Es indispensable para la vida, la dignidad y la emancipación, pero en la práctica funciona cada vez más como un bien de mercado y negocio lucrativo, impulsado por la especulación y la inversión, lo que genera crisis de acceso, altos precios y desahucios, priorizando la rentabilidad sobre la función social. Con todo ello, el acceso a una vivienda digna ha pasado a ser un problema general que se agrava, y mucho, en el caso de los más vulnerables.
“Mi hogar es mi lugar de retiro y descanso de las guerras. Intento mantener este rincón como un refugio contra la tempestad exterior, mientras hago otro rincón en mi alma”- Michel de Montaigne
¿Cómo conseguimos ayudar a nuestra gente, a nuestros conocidos, a nuestros hermanos, a cualquier persona, a encontrar un techo digno, cuando la vivienda ya no es considerada como una necesidad humana, sino como algo para generar beneficios a grandes y pequeños inversores?
Datos publicados en prensa, nos dan una información más global de cómo está la situación: Los grandes propietarios o tenedores de vivienda (quienes poseen más de 5) han crecido un 20% en la última década y hoy tienen en sus manos un millón de ellas. Los 10 más "grandes propietarios" poseen 200.000. De ese millón de viviendas, el 27% están en manos de entidades públicas, el 60% en manos de entidades privadas (bancos, fondos…) y el 13% en manos de personas físicas (la mayoría tienen uno o dos viviendas, pero algunas llegan a tener hasta 700) ... En Francia, el 14% de las viviendas son públicas. En los Países Bajos, el 34%. En España… ¡el 2,5%!
“La avaricia y la paz se excluyen mutuamente”- Erich Fromm.

Las organizaciones sociales están pidiendo que se adopten distintas medidas: que se bajen y controlen los precios; que se intervenga en el mercado de viviendas vacías y turísticas (ahora dedicadas a la especulación) y recuperarlas para uso residencial; expropiar las viviendas de "fondos buitre", que en algún momento fueron públicas; regular los alquileres y establecer la obligatoriedad de contratos indefinidos; prohibir las compras especulativas; limitar el crecimiento del parque inmobiliario en manos de grandes fondos; y penalizar fiscalmente la acumulación de propiedades.
Pero mientras todo ello ocurra, si es que ocurre, falta un largo camino por recorrer. El de la solidaridad, la generosidad, la ética. El mercado inmobiliario del alquiler lo está poniendo muy complicado, habiendo creado una burbuja que afecta a todos, pero se ceba con las personas más vulnerables.
La pregunta es ¿qué podemos hacer? Y muchos piensan que muy poco. Ante toda esta situación somos impotentes, si los organismos y entidades gubernamentales tampoco hacen nada para solucionarlo.
‘La fortaleza de una nación se deriva de la integridad del hogar’ Confucio.
Algunas personas, mientras tanto, siguen en su empeño de poder ayudar a otras personas más vulnerables a encontrar un hogar digno y asequible, donde poder vivir, establecerse y poder formar una familia.
“Ofrece un hogar, una oportunidad y un futuro a quienes más lo necesitan.
Juntos podemos construir una sociedad más justa, humana y llena de esperanza”
Solamente podemos hacer una llamada y apelar a la responsabilidad social y a un comportamiento ético, llamada dirigida fundamentalmente a propietarios, grandes y pequeños, y a los distintos canales inmobiliarios.
Y a ellos, específicamente, surgen preguntas ¿somos conscientes de a qué estamos contribuyendo?, ¿somos conscientes de qué tipo de sociedad estamos construyendo?
"El ser humano se esclaviza por el lujo y las vanidades, persiguiendo riquezas como si en ellas encontrara la dicha. Mas no advierte que, cuanto más tiene, más teme perderlo, y en esa angustia se le escapa la verdadera felicidad. Porque la dicha no está en el oro ni en la opulencia, sino en la brisa que acaricia el rostro, en la risa sincera de un amigo, en el pan compartido con gratitud. ¡Necio es aquel que busca en lo externo lo que solo el alma puede hallar! La vida sencilla es el mayor tesoro, y quien la comprende, es el más afortunado de los hombres” D. Quijote de la Mancha


Si quieres conocer otros artículos parecidos a Una vivienda digna: ¿derecho o negocio? puedes visitar la categoría Blog.
